sábado, 5 de mayo de 2012

La "Historia del Arte", de Gombrich, un libro famoso con insólitas carencias. (Versión castellana e inglesa)

E.H.Gombrich: "Historia del Arte", edición de bolsillo en castellano de Phaidon, 2010.

El famoso libro de "Historia del Arte" de Ernst Gombrich fue publicado en 1950 por primera vez en el Reino Unido y en su versión primitiva. Ha tenido 16 ediciones revisadas, con numerosas reimpresiones. En 2006, y en inglés, se hizo en Londres la primera edición de bolsillo, muy cuidada, y con una impresión bastante conseguida de las 413 ilustraciones que forman su antología. El libro ha sido traducido a numerosas lenguas. En 2010 apareció también la edición española de bolsillo. La solapa de esta edición se inicia afirmando que "Historia del Arte" [de Gombrich] "es el más popular y famoso libro de arte nunca publicado". No lo dudamos, y es precisamente esta enorme difusión la que ha invitado a redactar las notas que a continuación se publican.

Mi respeto y afición por la obra de Gombrich se basa en la lectura de algunos de sus más importantes libros, entre los que me parece conveniente destacar "Arte e ilusión", "La imagen y el ojo" y "La preferencia por lo primitivo". Son unos libros magníficos, y los recomiendo vivamente. Había tenido algunas tentaciones de leer la "Historia del Arte" ya hace tiempo, y cuando salió la edición castellana normal, aunque no lo hice. Pero el año pasado, viviendo en Londres, al conocer la edición inglesa de bolsillo en la tienda de la National Gallery, y comprobar que es tan bella, tan cuidada y tan barata, me animé a comprarla y a leerlo en inglés, lo que hice muy placentera y detenidamente. Luego he comprobado en Madrid que se ha editado también en España la edición de bolsillo en castellano, y ha sido esto lo que me ha animado a realizar el presente comentario.
Lo primero a decir es que resulta muy de agradecer que un gran profesor se dedique a la divulgación de la historia del arte, echándose encima nada menos que la obligación de hablar del arte de todos los tiempos de la humanidad, de la prehistoria al siglo XX. Quitando a Gombrich, nadie o casi nadie lo ha hecho, por lo que no extraña la difusión y el prestigio de la obra. El rápido y denso paseo de Gombrich por todas las épocas y estilos combina la organización histórica de los períodos con la explicación de las obras en relación a su situación en ellos y a las ideologías de sus sociedades, pero sin olvidar, desde luego, un análisis morfológico e individual que va dando cuenta de los cambios de visión y de gusto, de los instrumentos y de los hallazgos, así como de las características particulares y cualidades que hacen de cada obra algo notable y significativo en el devenir de la historia. Y podríamos decir que es este devenir, a la postre, el que se convierte finalmente en el verdadero protagonista del libro, dando cuenta de la gran capacidad humana para producir tan grande y diversa cantidad de productos artísticos altamente estimables.

Pero, como el mismo Gombrich dice en el texto acerca de "A note on art books" ["Una nota sobre los libros de arte], "Art history is a branch of history" ["La historia del arte es una rama de la historia"]. Y es precisamente por el acuerdo completo que con esta apreciación tiene quien esto escribe por lo que se ve obligado a disentir, gravemente, de algunos de los contenidos concretos del libro.

Veremos en primer lugar, y sobre todo, los defectos y equivocaciones acerca de la antología que el libro presenta, y que tiene la enorme importancia de ser el referente principal del libro, pues éste va muy directamente - lo que es de agradecer, desde luego, y como ya se ha dicho- a la explicación de los artistas a través de sus obras concretas. El haber elegido lo que elige y reproducirlo bien forma, en muy buena medida, uno de los contenidos principales del libro, si no es el más importante.
Como el libro se ha publicado y vendido bastante en España, utilizándose incluso como libro de texto de carácter universitario, tiene sentido empezar por un análisis cuantitativo de la antología, realizada con los índices que el propio libro facilita. Podemos comprobar así que de entre las 400 obras elegidas para representar la Historia del Arte del mundo y de todos los tiempos, aparecen tan sólo 6 cuadros y edificios que están en España, lo cual es absolutamente insólito, al menos dada la existencia del Museo del Prado y de otros muchos museos españoles. Pero sigamos: sólo Suiza y Holanda tienen tan pocas referencias como España (aunque Rusia tiene todavía menos, 2, a pesar de El Ermitage ¡!), Bélgica tiene 8, Austria 17, Estados Unidos 26, Alemania 28, Francia 50, Italia 65 y el Reino Unido 71. No cabe duda que Gombrich, hebreo austríaco afincado en Gran Bretaña, es hombre agradecido con quien le nombró "Sir". (Ser o no ser: that is the question).

En cuanto a los pintores, se deduce tanto del texto como de la antología que Gombrich considera importantísimos -los "genios" de la historia de la pintura, podríamos decir- a aquéllos a los que les dedica las ilustraciones de 4 o más obras. Así, figuran Leonardo (4), Durero (6), Rafael (5), Rubens (5), Velázquez (4), Holbein (4) Rembrandt (6) y Pîcasso (6). Pero Miguel Ángel tiene sólo 3 obras, aunque es cierto que a los techos de la Capilla Sixtina se le dedican 4 ilustraciones, acompañadas de ¡una sola escultura! (uno de los esclavos). También tienen 3 Tiziano, Correggio, Caravaggio y Goya, por lo que el primero y los dos últimos resultan así algo despreciados. Destaca el error de creer a Holbein entre los grandísimos, así como igualar en cantidad a Correggio nada menos que con Miguel Ángel, Tiziano, Caravaggio y Goya, como hemos dicho. Por otro lado, la memoria de Giotto y la de El Greco son gravemente ofendidas con 2 ilustraciones y la de Mantegna con 1. ¿No sabía Gombrich que Giotto y El Greco son primerísimas figuras? ¿Opinaba otra cosa?

La antología empieza a fallar, pues, por aquí, y empiezan también a insinuarse sus causas. La dificultad de conseguir ilustraciones orienta en buena medida la elección, que queda mediatizada además por el propio contenido del libro: las obras sirven tantas veces sobre todo al contenido; es decir, se buscan para estar al servicio de éste, y no al revés. Es éste un defecto que está en muchísimos libros de crítica (de arte y de arquitectura), si no en todos, desde luego, y en alguna medida, lo que no elimina sin embargo su gravedad. Pero en este libro, esta tergiversación abunda considerablemente. La antología está en muy amplia forma fabricada para apoyar la coherencia del propio discurso y, además, al servicio de la búsqueda fácil de las reproducciones, cosa acaso comprensible, pero también algo miserable.

Sigamos. A medida que el libro avanza van apareciendo artistas desconocidos, de muy escasa importancia, casi siempre de centro Europa y de Inglaterra. Vean una muestra: ¿quiénes son Peter de Hooch, Melozzo da Forlí, Konrad Witz, Mabuse, Nicholas Hilliard, Jean Goujon, Jacques Callot, Simon de Vlieger, Jan van Goyen, Jan Steen, Jacob van Ruisdad, Willem Kalf, William Hogarth, Jean-Baptiste-Simeon Chardin, John Singleton Copley, William Powell Frith, Pierre Bonnard, Ferdinand Hodler, Káthe Kollwitz, Emil Nolde, Grant Wood? Es una pregunta que tiene mucho de retórica, desde luego, pero, verdaderamente, insisto ¿quiénes son? Gente de muy segunda clase y bastante prescindibles, pero que en buena medida sostienen el libro, al menos por su abundancia.

Pero Gombrich, entonces ¿se alinea con la mentecata y tradicional interpretación de los protestantes anglosajones y holandeses en contra de la cultura española, y, además, a estas alturas de la historia, pues la creíamos desgastada? ¿O es únicamente por soberbia e ignorancia? ¿O, simplemente, porque es un libro británico? Entonces, y si es así ¿por qué se traduce a otros idiomas y se comercializa con la misma versión? ¿Debemos seguir soportando el colonialismo cultural incluso cuando se realiza con material de segunda clase?

Pero vayamos a la comprobación sistemática. Aunque entre la arquitectura figura la Alhambra, no está la Mezquita de Córdoba. Tampoco Santa María del Naranco, ni El Escorial, ni Gaudí, ni ninguna otra cosa que el lector pudiera echar de menos. El libro se preocupa de temas como la China, Persia o el arte primitivo, pero ignora tanto a España y a Portugal como a América, si no es -y muy mal- en relación con Estados Unidos, y ello en el arte y la arquitectura del siglo XX. Esto es, ignora, por ejemplo, tanto las culturas precolombinas como las coloniales, y, así, las fastuosas catedrales del renacimiento (en España o en América española), únicas en el mundo, y el no menos importante barroco ibero-americano.

Entre los pintores no está Zurbarán, ni Ribera, pero tampoco Luis Meléndez, por ejemplo, el genio español del bodegón dieciochesco, aunque sí figuren, por el contrario, muy mediocres bodegones británicos. Podríamos repasar la pintura española para encontrar muchas más faltas, sobre todo en comparación con la lista de desconocidos anteriormente transcrita, pero vayamos a cosas más claras. La elección de la pintura de El Greco es muy extraña (sólo 2 cuadros poco significativos, y ¡en museos de Nueva York y de Boston!). Es mejor la de Velázquez, al reproducir el Aguador de Sevilla, Las Meninas, y el retrato de Inocencio X, aunque se haga además con un cuadro de personaje de la familia real bastante prescindible (en un museo de Viena). Goya está absolutamente infravalorado (con sólo 3), pero sobre todo porque está muy deficientemente elegido, pues no figura ni la familia de Carlos IV, ni los cuadros del 2 de mayo, por ejemplo, u otras muchas cosas, tantas y tan importantes. Picasso no está infravalorado en cantidad, pero sí, también, muy, muy equivocadamente elegido.

Pero ya hemos ido viendo también otras cosas, que ocurren no sólo con el arte español: infravaloración de Giotto, de Mantegna, y hasta de Tiziano. Absurdamente figura Guardi en vez de Canaletto, que no aparece (¡a pesar de de su ascendencia en Inglaterra! Hasta pintó Greenwich…). En cuanto a Mantegna se ha hecho caso omiso de la fastuosa Muerte de la Virgen (en El Prado), o de los frescos de la "Camera degli spossi", e, incluso, de los del triunfo de Julio César en el Hampton Court Palace londinense, que Gombrich tenía tan a mano, y de tantas otras obras maestras. En cuanto a Rafael, se le trata bien, pero no se reproduce ninguno de los magníficos frescos del Vaticano, a pesar de la exagerada recreación con la Capilla Sixtina, lo que me parece otro fallo grave. De Fra Angelico se reproduce una anunciación de bastante pobreza (del museo de San Marco, en Florencia), y no la que es espléndida (y que es la que está en el Prado). De Tiziano no se ha cogido lo mejor, naturalmente, pues está en el Museo del Prado: los retratos de los emperadores, o el de Felipe II (¡cómo se va a poner a este demonizado rey!), o la Dánae, y otros. También está en el Prado lo mejor de Rubens, que por lo tanto tampoco figura, y de nuevo se ignora la obra del Prado de Durero, a pesar de su magnífica calidad (el autorretrato, Adán y Eva), y dada la obsesión de Gombrich por este artista. Es decir, no acude al Prado ni cuando podría satisfacer sus obsesiones. ¿Es ignorancia?

Pues no se entiende en absoluto olvidar de forma sistemática a la más importante, rica y variada pinacoteca del mundo, completamente llena de obras maestras y ante la cual cualquier otra (cualquier otra, doy fe de forma absoluta, como tantísimos otros pueden hacerlo) palidece por completo. No se puede ser experto en historia del arte sin conocer muy bien el Museo del Prado. Muy bien, y esto lo saben, aunque parezca mentira, hasta los ingleses y los estadounidenses. Y no hablemos ya del complemento que prestan otros museos madrileños. No se puede ser experto en historia del arte sin conocer muy bien Madrid.
Y otra cosa: quizá otros autores no sean tan disciplinados como Gombrich, pero la bibliografía importante de Historia del Arte, no está producida toda en inglés, desde luego, ni tampoco está siquiera toda ella traducida al inglés. También está -traducida o no; muchas veces no-, en alemán, en francés, en italiano, en español, y hasta en otros idiomas. Hacer una bibliografía con libros sólo en inglés es una pretensión teñida de racismo cultural, pero también, y sobre todo, de notable error. Por ejemplo, un autor poco sistemático, pero tan lúcido como Eugenio D ´Ors ("Xenius"), poco o nada traducido al inglés, habría sido una lectura que le hubiera venido muy bien al profesor austríaco. Resulta por su parte un fallo muy grande el hecho de no conocer “Tres horas en el Museo del Prado”, uno de los mejores libros que se han escrito sobre pintura. Porque, además, y de haberlo leído, le hubiera gustado bastante. Algo hay, por fortuna para Gombrich, de cercanía a las lúcidas posiciones de análisis formal de Eugenio d´Ors.

Pero si queremos comprobar el más absoluto desastre vayamos hacia la arquitectura, que debería de haberse eliminado por completo, ya que, por lo visto, no se sabía tratar. Francamente, no se hubiera echado de menos. Tampoco la escultura que, por cierto está casi ausente. Arquitectura y escultura aparecen porque es imposible tratar el mundo antiguo sin ellas. Después, y a medida que pasa el tiempo, ambas artes languidecen y se sumergen en la más torpe de las equivocaciones.
El de la arquitectura es un defecto corriente de los manuales de Historia del Arte, como es bien sabido, pero no por ello es menos grave. La arquitectura que se elige y se relata en el libro hasta el renacimiento es ciertamente admisible, su conocimiento convencional se impone, si bien es preciso protestar por la presencia de ejemplos ingleses, alemanes y holandeses, góticos y otros, que son de muy segundo orden y que debieran de haberse sustituidos por otros distintos, sobre todo franceses, pero también italianos y españoles.

El verdadero desastre empieza a partir del barroco. Del italiano, figura tan sólo una de las obras más convencionales de Borromini, St Agnese in Piazza Navona. Figura también Versalles, un tópico escasamente atractivo, y todavía más prescindibles obras teutónico-austríacas. Nada más de Italia, España o América. Vienen dos obras de Wren, (bien elegidas, ¡milagro!), pero ninguna de Hawksmoor, claro es: imposible que se llegara hasta un conocimiento o lucidez tales. Se rinde tributo al tópico británico con la londinense Chiswick House, de Boyle, pero se ignora nada menos que a Ledoux, por poner un ejemplo. De Soane viene un dibujo sin ninguna importancia. Está el Parlamento británico, faltaría más, y Víctor Horta, en vez de Gaudí; tampoco hay lucidez en este aspecto.

En cuanto a la a la arquitectura del siglo XX, el desastre no puede ser ya más completo. La antología es verdaderamente ridícula, casi parece obra de un pícaro. Es impresentable para una persona educada, ¿por qué no se asesoró? Figura Wright con una obra de carácter demasiado menor (¿tan difícil era?), el Rockefeller Center (¿de dónde ha salido este rasgo de aparente lucidez?) y la Bauhaus de Gropius. Pero ni rastro de otra cosa más del movimiento moderno, ni siquiera de Le Corbusier, Mies van der Rohe o Alvar Aalto, cuyas comunes y escandalosas ausencias son simplemente inexcusables. El derrotero final y único no puede ser más escabroso: el AT&T de Johnson y Burgee (no se sabe por qué era necesario cronicar el "post"), y el más convencional y triste Stirling, la ampliación de la Tate Gallery. Se entiende que se pueda poner poco, pero ello no es pretexto para hacerlo tan mal.

De otro lado, como se ha dicho ya, y al margen ahora de la antología y sus errores, la ideología que el libro destila con abundancia es la que mitifica las actitudes protestantes y denigra las católicas, posición imposible de soportar ya, al menos por parte de quien esto escribe –dicho ello al margen de la religión, claro es-, y a estas alturas de la historia, en la que tantas mentiras y equivocaciones se han denunciado o aclarado. Según Gombrich, los artistas protestantes (léase del Reino Unido, Alemania, Holanda, etc.), al no tener encargos religiosos por la prohibición, o casi prohibición, de las imágenes, se dedicaban a los retratos y a plasmar la vida corriente y la realidad. Esto le parece óptimo, de mismo modo que le parece, si no despreciable, si de mucho menos valor y hasta sospechoso de banalidad o de idealismo inútil, dedicarse a los temas religiosos y áulicos, lo que, según él, hacían los católicos en exclusiva. Eso es lo que sin duda le hace mitificar a Holbein, aunque no tenga éste en realidad la estatura de los verdaderos grandes, y lo que le hace privilegiar la temática por encima del mérito pictórico, siguiendo en ello las más banales ideas de la historia social del arte.

Pero estos argumentos no sólo no tienen ya posibilidad de aceptación, sino que son contrarios sin más a tantas cosas que el propio libro refleja en muy buena medida. Que se trata de lo religioso, pero, al tiempo, de una de las obras de arte mejores de todos los tiempos, es el caso de la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel, especialmente celebrada en el libro. Por otro lado, casos tan cualificados como los de Velázquez y Goya, y hasta el de Murillo, corresponden a autores del mundo católico, y especialmente protegidos por los monarcas, y que son al tiempo los autores geniales y revolucionarios del más absoluto realismo, o, si se prefiere, de la plasmación más cualificada de la historia de los temas populares, ni áulicos ni religiosos. Apenas hay temas de Velázquez y Goya que sean religiosos y de interés. Y cualquier retrato de Holbein palidece, en cualquiera que sea el matiz, frente a un retrato de Velázquez.

Bien, resulta suficiente todo esto para demostrar, y para protestar, de la posición sesgada, interesada y hasta ignorante, que Gombrich mantiene en su tan famoso y vendido libro. A pesar de ello, no me importa reconocer que se trata, así y todo, de un buen libro, pero resulta triste que los errores que contiene, contiguos a sus aciertos, desinformen y deseduquen a las masas, al tiempo que, paradójicamente, también las forman. Resulta igualmente bastante triste, y ya entre nosotros, que no exista ni la industria editorial ni, así, los ánimos suficientes, para que los grandes autores españoles o italianos (sobre todo) pudieran escribir –pudieran haber escrito- obras de divulgación capaces de ofrecer alternativas a la comentada.
La decepción que se siente al leerla resulta especialmente intensa al recordar los fantásticos ensayos del autor referidos al principio. Huyan de éste y vayan a los otros.


“History of Art”, by Gombrich, a famous book with unusual deficiencies.
E.H.Gombrich: “History of Art”, pocket edition in Spanish by Phaidon, 2010
Antón Capitel

The famous book “History of Art” by Ernst Gombrich was published for the first time in the United Kingdom in its primitive version. Since then it has gone through 16 revised editions, with numerous reprints. In 2006 the first pocket edition was printed in London in English, of great quality, and with printings of the 413 images that constitute its anthology. The book has been translated into numerous languages. In 2010 the pocket edition also appeared in Spanish. The blurb of this edition begins by affirming that “History of Art” [by Gombrich] “is the most popular and famous book of art ever published”. We don´t doubt it, and it is precisely this enormous diffusion that has invited me to write the published notes as follows.

My respect and inclination towards Gombrich´s works is based upon my reading of several of his more important books. Among them it seems convenient to me to point out “Art and Illusion”,” The Image and the Eye” and “The Preference by the Primitive”. These are wonderful books, and I recommend them entirely. Some time ago, when the first Spanish edition was published, I had had a certain temptation to read “History of Art”, although I didn´t do it. But last year, when I was living in London, I found the pocket English edition in the National Gallery bookshop. When I verified that this edition was so beautiful, carefully compiled and cheap, I convinced myself to buy and read it in English. I did it with pleasure and care. In Madrid I later verified that the pocket edition had also been published in Spanish, and this discovery brought me to write the present commentary.

Firstly, I would like to express gratitude that such a great professor dedicated himself to the divulgation of Art History, and that he put upon himself the obligation to talk about Art through all the periods of humanity, from Prehistoric times to the 20th century. Apart from Gombrich , nobody or almost nobody has done it, thus, the diffusion and prestige of the work comes as no surprise. As Gombrich visits all times and styles with a distinctive quick yet dense pace, he combines an historical organization of periods with an accompanying explanation of the works´ relationship with their surrounding and society´s ideology. Neither can one forget the morphological and individual analysis that picks up on changes of vision and taste, as well as the instruments, discoveries, and the particular characteristics and qualities that make each work somehow notable and significant in the development of history. Therefore one can say that it is this process that converts itself finally into the true protagonist of the book. In other words, Gombrich gives testimony to human´s capacity of producing such a great and diverse quantity of most esteemed artistic products.

In his text about “A note of art books”, Gombrich says that “Art history is a branch of history”. He who writes this is in complete agreement with this affirmation and thus he feels obliged to gravely dissent some contents of the book in particular.
In the first place, we shall look over all the errors and mistakes concerning the anthology that are presented within the book. This bears great importance as it is the book´s main reference. Effectively, the book delves straight away into explanations of the artists through their particular works, a rather estimable characteristic, as mentioned beforehand. The fact of having chosen and reproduced the particular works in question constitutes as, to a great extent, one of the main features of the book, if it is not indeed the most important.

The book has been widely published and sold in Spain, to the point that it is even used for academic purposes. Thus it makes sense to begin with a quantitative analysis of the anthology, with the aid of the book´s index. In this way, we can verify that out of the 400 works of art chosen to represent Art History of the world throughout time, only 6 of them are pictures or buildings within Spain. This seems to be extremely unusual, specially given the collective memory of such museums as the Prado among many others. But let´s continue: only Switzerland and Holland have 6 references just as Spain, Russia has even fewer (despite the Hermitage Museum !!), Belgium has 8, Austria 17, United States, 26, Germany 28, France 50, Italy 65 and the United Kingdom 71. It is very clear that Gombrich, Austrian Hebrew residing in Great Britain, is a grateful man who has been knighted as “Sir”.

From the anthology and throughout the text it is possible to deduce which of the painters Gombrich considers as most important as he dedicates to them the illustrations of four or more works; one could say that their authors are “geniuses” within the History of Painting. Thus Leonardo features four times, Durero six, Rapahel five, Rubens five, Velázquez five, Holbein four, Rembrandt six and Picasso six. Michelangelo has only three works, although it is true that there are four illustrations of the Sistine Chapel ceiling, accompanied by only one sculpture (one of the slaves). Tiziano, Correggio, Caravaggio and Goya also have three, and thus the first and the two last appear underestimated in a certain sense. We must emphasise the mistakes of believing that Holbein lies among the “geniuses”, and of equalising in number the works of art by Correggio with those of Michelangelo, Tiziano, Caravaggio and Goya, as already mentioned. On the other hand, memories of Giotto and of El Greco are gravely offended with two illustrations and the memory of Mantegna with one. Did Gombrich not know that Giotto and El Greco are as important as the others? Was he of a different opinion?

Here, therefore, is where the anthology´s mistakes begin, and also where their causes become apparent. The selection was influenced to a great degree by the difficulty of obtaining the illustrations as well as the contents of the book. In other words, in many cases the works of art are subordinate to the content, and not the other way round. This is a common fault of critic books of Art and Architecture, if not of all genres to a certain extent. This coincidence, however, doesn´t alleviate its gravity, as within this book this distortion is very abundant.

Let´s continue. As the book unravels unknown artists of very scarce importance start appearing most of whom are Central European or British. These are just a handful of them: who are Peter de Hooch, Melozzo da Forlí, Konrad Witz, Mabuse, Nicholas Hilliard, Jean Goujon, Jacques Callot, Simon de Vlieger, Jan van Goyen, Jan Steen, Jacob van Ruisdad, Willem Kalf, William Hogarth, Jean-Baptiste-Simeon Chardin, John Singleton Copley, William Powell Frith, Pierre Bonnard, Ferdinand Hodler, Káthe Kollwitz, Emil Nolde, Grant Wood? While this question is rather rhetoric, I truly insist that the reader replies, who are they? They are people of a very second rank and so absolutely dispensable. Nevertheless, these characters provide the backbone of the book to a great extent, for their abundance if nothing else.

Does Gombrich, therefore, align himself with the small-minded traditional interpretation so typical of British and Dutch protestants, that undermine Spanish culture, a culture which, even at this point in history, many consider as worn? Or is it, simply, because the book is British? If so, why is it translated into other languages and sold in the same version? Should we continue to stand by such a form of cultural colonialism that permeates through such second-class material?
But let´s continue a systematic verification. While the Alhambra features as an example of Architecture, de Mosque of Cordoba does not. Neither does Santa María del Naranco or El Escorial, or Gaudí, or any other such examples that the reader would expect. While the book is preoccupied with themes such as China, Persia or Primitive Art, it ignores Spain, Portugal and the Americas. With regards to the latter, the United States is the only country featured –and yet somewhat bad choices are only taken from 20th Century Art and Architecture. In other words, both Pre-Colombian and Colonial cultures are ignored. Thereby it also ignores the wonderful Renaissance cathedrals of Spain and Spanish America, unique pieces in the world. Also obscured is the important Latin American Baroque.

Neither do Francisco de Zurbarán nor Ribera feature among the painters, as neither for example does Luis Meléndez, the Spanish genius of still life in the 18th Century. However, while this is the case, the book does feature very average examples of British still life. We could overhaul the Spanish picture to find many more absences (over-all in comparison with the list of unknown people before transcribed) but let´s move on to clearer examples. The choice of El Greco paintings is quite absurd (there are only two faintly important paintings, and from New York and Boston museums !!). The choice of Velázquez paintings is better, as the book features “El aguador de Sevilla” and “Las Meninas” and the portrait of Inocencio X, but then again it also features the relatively unimportant painting of a member of the Royal Family (from a Viennese museum). Goya is completely undervalued, not simply because only three of this paintings appear, but most of all because the very choice of them is not convincing. Neither does Carlos IV´s family nor the paintings of “2 de mayo” feature, for example, nor many other very important works. Meanwhile, though Picasso is not undervalued as far as quantity is concerned, his chosen works too are extremely unsuitable.

We´ve already been noticing that such cases occur not only with Spanish Art. Giotto, Mantegna and Tiziano are similarly undervalued, and quite absurdly, Guardi is featured instead of Canaletto, who, in spite of his importance in England, does not appear. Indeed, it was he who painted Greenwich Hospital. With regards to Mantegna, many of his important works are ignored, such as the wonderful “The Death of the Virgin” (in the Prado museum) , or the fresco paintings of the “Camera degli sposi”. “The Triumph of Ceasar” was also ignored, despite it being in London´s Hampton Court Palace, which Gombrich had close to hand.

Raphael on the other hand was treated well, however there is not one reproduction of the wonderful Vatican frescoes, which I believe is a grave mistake. Instead, there is an exaggerated reproduction of the Sistine Chapel. Of Fra Angelico ´s works only a poor Annunciation (from the San Marco museum, in Florence) is reproduced, and not the splendid one in the Prado museum.
Naturally, Tiziano´s best works have not been chosen either as the best ones are in the Prado: the portraits of the Emperor Carlos and Empress, or the portrait of King Philip II (how can one possibly think about this diabolical King !!), or the Danae, among others. The best of Rubens works are also in the Prado, and thus they don´t appear either. Neither can one explain, given Gombrich´s obsession with the author, the absence of Durero´s magnificent self-portrait, “Adam and Eve”, also present in the Prado. That is to say that Gombrich does not allude to the Prado even though he could satisfy his obsessions. Could this be a form of ignorance?

It is impossible to understand how Gombrich could have systematically turned a blind eye to the world´s most important, richest, and finely assorted art gallery; the great Art Gallery of Madrid. Indeed, it brims with so many masterpieces that any other gallery would look plain in comparison, and I have absolute faith that many other people share my opinion. One cannot possibly be a History of Art expert without knowing the Prado Museum inside out. While this statement might sound like an exaggeration to the average English or North American, one thing remains certain; that it is impossible to be an expert in History of Art without knowing Madrid.

One more thing : while it is possible that other authors are not as disciplined as Gombrich, it is noteworthy that the bibliography in History of Art not only is compiled solely out of books produced in England, but only out of books translated into English. Thus books in their original language German, French, Italian, Spanish or other languages are absent. They simply are not used. To compile a bibliography solely out of books in English is not only a pretension tinged with racism but also, most of all, a notable mistake. For example, the not so systematic but very lucid author Eugenio D’Ors (Xenius), whose few to none works have been translated into English, would have made excellent material for the Austrian professor. His ignorance of “Three Hours in the Prado Museum”, one of the best books written about painting, strikes one as a grave fault. If he were to read it, he would have surely enjoyed it. Nonetheless, and fortunately enough, Gombrich´s book does bring to mind something of Eugenio D’Ors lucid positions and formal analysis.

But if we want to highlight the book´s true disaster, let´s move onto his discussion of architecture that should have been completely discarded due to the fact that Gombrich does not know how to deal with this subject. Sculpture, too, is almost entirely absent. Indeed, Gombrich wouldn´t have missed anything out had he not referred to Architecture or Sculpture in his work. Their only reason for appearing is that it is impossible to talk about the ancient world without referring to them. Both styles are poorly represented, and as the book continues the mistakes become ever more awkward. In the manuals of Art History, while errors related to architecture are common it does not mean that they are less serious. The examples of pre-renaissance architecture that he has chosen to relate within the book are certainly acceptable because of the conventional knowledge he has applied to them. However, I do protest against his examples of English, German, Dutch, gothic and other styles. Once again, the examples chosen are of a rather secondary order and they ought to have been replaced by different examples, especially by French or even Italian and Spanish works.

The disaster really starts to take its course from the baroque period onwards. Only one example of Italian baroque is featured, that being Borromini´s rather conventional St Agnese in Rome´s Piazza Navona. Versailles, both topical and scarcely attractive, is also featured alongside less important Teutonic-Austrian works. No other works from Italy, Spain or Latin America are included. Two pieces by Wren (what a miracle, may I add) have been included, but none by Hawksmoor : it is impossible to reach such knowledge or such lucidity.

He pays particular tribute to topical Britishness with Boyle´s Chiswick House in London while he fails to recognize the great Ledoux, for instance. With regards to Soane, only a relatively unimportant picture of his has been chosen. The British Houses of Parliament, and no other, is also not unexpectedly included as are examples by Victor Horta and not of Gaudi; yet another example of a lack of clarity.

With regards to XXth Century architecture, the disaster could be no less complete. The anthology appears to be ridiculous, to the point of being rogue. How can he dare present himself as an educated person, and why has no one advised him? The examples chosen include one considerably minor work by Wright (could it have been so difficult to choose another?), the Rockefeller Center (out of where did this trace of apparent lucidity arise?) and Gropius´ Bauhaus. No other traces of modernism exist, neither Le Corbusier nor Mies van de Rohe or Alvar Aalto; these common and scandalous absences are simply unforgivable. The ultimate point of destruction could not have been more rugged: the AT&T by Johnson and Burgee (who knows why it was necessary to chronicle the “post”?), and the most conventional, sad Stirling; the amplification of the Tate Gallery. It is true that little can be included, but this is not a reason to do one´s job so badly.

Leaving aside momentarily the anthology and its errors, I would like to reinstate the point that the book´s ideology is one that mystified protestant attitudes and denigrates catholic ones. This mentality, at least as far as the clearly religiously apathetic author of this piece is concerned - can no longer be bore at this particular point in time, an era in which so many lies and errors have been denounced or cleared up. According to Gombrich, protestant artists (in Great Britain, Germany and Holland for example) dedicated themselves to portraits and to the capture of daily life and reality thanks to the fact that they had no religious commissions due to the prohibition, or quasi prohibition, of icons. This, to Gombrich, seems ideal to the same extent that he considers the dedication to religious and classic themes of an almost negligible, much lower value. These subjects, which he regards as exclusive to the Catholics, are looked upon with a suspicion of banality and useless idealism. It is this very reason that can explain why he places Holbein up on a pedestal, though in reality he cannot be lined up next to the true greats, and also what makes him value certain themes over artistic merit, and thus in conforming he only picks out the most banal examples of the social history of art.

These arguments not only are impossible to accept, but they also quite simply oppose many of the well balanced ideas that the book reflects throughout. Indeed, Michelangelo´s Sistine Chapel is especially celebrated within the book, despite it being a religious work of art, notwithstanding one of the greatest works of all time. On the other hand, other great artists including Velázquez, Goya, or even Murillo, are considered of a Catholic order, especially protected by monarchs. Instead, these are the very geniuses that revolutionised absolute realism, or rather those who perfected the art of capturing not religious nor classic themes, but popular stories. There are hardly any paintings by Velazquez and Goya which are both religious and of any interest. Neither should one forget that any one of Holbein´s portraits looks pale, in whatever shape, form or color, compared to any portrait by Velazquez.

So, all of the above is quite enough to demonstrate, and to protest against, the biased, self-interested and possibly ignorant point of view which Gombrich maintains in his celebrated and widely sold book. In spite of this, I wouldn´t mind recognising that it is, all in all, a good book. The one thing that saddens me the most is how its errors, back to back against its successes, ultimately result in the disinformation and dis-education of the masses while paradoxically proving to be formative at the same time. It is equally down-putting, and this goes between you and I, that there is neither a sufficiently supportive editorial industry nor the sufficient will to encourage great Spanish or (and especially) Italian authors to write -if they have not yet written- a popular work that could act as an alternative to the one commented above.

The deception which one feels when reading this book is rather intense if one is to remember the fantastic essays of the authors mentioned at the beginning. Turn away from this author, and turn towards the rest.

7 comentarios:

  1. Siempre desconfié de Gombrich.
    Un abrazo

    MMMM

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. ¿No te has planteado que quizás Gombrich sólamente incluyó en su libro aquéllas obras que fueron relevantes para Reino Unido por la posible influencia que pudo crear en sus artistas? Estoy intentando estudiar por mi cuenta la Historia del Arte de Reino Unido y créeme que no me está siendo fácil encontrar bibliografía ni un índice donde basar mis estudios, al contrario como pasa con respecto a la Historia del Arte de España o Italia. Añadiendo que actualmente estoy viviendo en la Isla y soy ratoncillo de biblioteca...
    Un saludo

    ResponderEliminar
  4. ¡Ah! Pero ¿hubo artistas en el Reino Unido?

    ResponderEliminar
  5. Hola,

    No puedo estar más de acuerdo con lo que expones. Como estudiante de historia del arte, me recomendaron leer este libro, y sin duda lo disfruté, más algunos períodos que otros, y me indignó la falta de presencia de artistas españoles ya que parece ser que para Gombrich sólo hay artistas en Italia y el Reino Unido. Y la falta de arquitectura también es asombrosa.

    Pero en general es un buen recorrido por la historia del arte, creo.

    Saludos,

    Isaac.

    ResponderEliminar
  6. Completamente de acuerdo: es una novela de arte pero como manual completamente incompleto ¿alguien ha encontrado algo del arte etrusco? tampoco existieron para el autor.

    ResponderEliminar